REFORMADORES MAGISTRADOS: UN VISTAZO A LAS VIDAS DE LUTERO, ZWINGLIO Y CALVINO.

octubre 31, 2026 - Hernan Gonzalez

El movimiento de reforma se convirtió en el evento que marcaría un antes y un después en la historia de la iglesia. Durante siglos el dominio sobre la iglesia estuvo bajo los regímenes del catolicismo romano, lo que llevó a muchos abusos, así como una mala mayordomía por parte de los líderes. Dentro de la misma soberanía de Dios vemos que a pesar de que el hombre puede hacer un uso inadecuado o una función equivocada de lo que les es dejado a su cargo, de un modo u otro, un remante siempre sale a exhibir las injusticias y el error. El movimiento de reforma fue para sus contemporáneos el inicio de poder conocer acerca de Dios mayormente de Su palabra y le devolvió a la iglesia una esperanza al ser expuesta la buena noticia de lo que realmente era el evangelio de Jesucristo. El principal problema dentro de este contexto era el dilema que había entre los reformados y las normas de los líderes de la iglesia católica con la cual regían la liturgia, así como las doctrinas de la iglesia. En cuanto a la Biblia y la tradición, había una fuerte oposición por parte de los reformadores que desde siglos anteriores comenzaban a protestar en contra de lo que se estaba haciendo de forma equivocada y como consecuencia estaba conduciendo a la iglesia al error. Los protestantes creen que la Biblia es la única fuente autoritativa de revelación para la iglesia.[1] Sus declaraciones no estaban basadas en su propio raciocinio humano, sino a la luz de lo revelado en las Escrituras. Martín Lutero, Ulrico Zwinglio y Juan Calvino se convirtieron en los prominentes defensores de la sana doctrina y le dieron a la iglesia un entendimiento profundo de la revelación bíblica. El siguiente manuscrito presentará los eventos principales y las controversias de las vidas de los reformadores Lutero, Zwinglio y Calvino, así como hará un análisis de sus pensamientos y una comparativa de su teología, así como la influencia de estos dentro del mundo académico y en la historia de la iglesia.

Trasfondo

El movimiento de la reforma protestante ha sido uno de los eventos con un mayor impacto en la historia de la iglesia y de la fe cristiana. Cuando hablamos de la reforma, hablamos del momento cuando hombres guiados por el Espíritu Santo salieron en defensa de lo que de verdad era la sana doctrina y para corregir la liturgia que se realizaba dentro de la misma iglesia de forma equivocada. El error doctrinal y doxológico dio lugar a los abusos, a los errores doctrinales y a remover a Dios de la ecuación. Hombres anteriores a Lutero, habían intentado realizar el movimiento de reforma en su tiempo, pero ellos, fueron martirizados o quemados vivos, como el caso del Juan Huss. La historia de la iglesia juntamente con la sana doctrina se comenzó a rescribir a partir de la labor teológica y doctrinal que los reformadores comenzaron y buscaron en todo momento restablecer lo que a la luz de la revelación bíblica debía hacerse tanto dentro de la iglesia en la enseñanza, así como fuera de ella en la práctica.

La historia de la iglesia y de la teología considera el día 31 de octubre de 1517 como fecha clave que marcó el inicio de una nueva época.[2] A partir de este momento histórico, comenzaría la lucha por la proclamación del verdadero evangelio y por llevar el alma de los fieles de la oscuridad a luz de Jesucristo. Los historiadores a menudo sugieren que las dos causas principales de la reforma fueron el tema de la autoridad y el tema de la justificación.[3] Muchos de los desacuerdos que los pre-reformadores habían manifestado fueron nuevamente expuestos por Martín Lutero y los cuales después de haber hecho un estudio exhaustivo particularmente del libro de Romanos, lo llevaría a descubrir realidades eternas que habían sido ocultas por la iglesia católica romana. Sería entonces cuando el espíritu del reformador Lutero saldría a protestar en contra de todas estas falsas enseñanzas. Para los herederos de la reforma protestante, aquellos que se llaman evangélicos o protestantes (y la nueva iglesia luterana es justamente la primera en llamarse “iglesia evangélica”), este periodo que inicia en 1517 reviste especial importancia.[4]

Roma había adquirido el poder eclesial absoluto desde los tiempos de Constantino. Al establecer al cristianismo como religión universal en cierta manera permitió no solo su expansión sino a la misma vez, dio lugar a su establecimiento. En el año 325, se reunió en Nicea la gran asamblea de obispos que se conoce como el Primer Concilio ecuménico, asamblea que había sido convocada por Constantino.[5] La reunión de estos obispos diaria lugar al establecimiento doctrinal, teológico, así como litúrgico con el cual funcionaria la iglesia universal para el pueblo. Pero los debates entre los teólogos por preservar la verdad del evangelio no cesaron. Muchas de las controversias y disputas que surgían eran mayormente en temas teológicos y doctrinales, tales como la salvación, la autoridad de la Escritura, la tradición etc. Siglos después, los pre-reformadores hicieron su intento de comenzar una reforma en contra de la iglesia católica con la intención de preservar y probar la importancia de una sana doctrina y la teología para la fe. Pero el esfuerzo de hombres como Juan Wycliff y Juan Huss simplemente quedo en un sueño frustrado que no pudieron hacer una realidad en su tiempo, aunque perdiendo su vida en el intento, está reconocido históricamente que Wycliff y Huss los pioneros que comenzaron los fundamentos de lo que sería más adelante la reforma protestante. Para los comienzos del siglo XV, el gobierno estaba involucrado juntamente con la iglesia en temas que tenían que ver precisamente política y con problemas morales y éticos de sus dirigentes. Los líderes eclesiales mayormente usaron su autoridad y sus convenios con autoridades gubernamentales para controlar tanto la enseñanza de la iglesia, así como generar miedo en el pueblo y tener un control de ambos aspectos, Europa vivía completamente bajo la sombra de la iglesia católica romana. Esto dio lugar a la corrupción, al abuso de autoridad, al engaño y abrió paso a la oscuridad de la superstición y a las falsas doctrinas, que no podían ser sostenidas bíblicamente. Pero a lo largo de casi dos mil años de historia de la iglesia, encontramos que siempre ha existido un remanente el cual es usado por Dios para preservar la verdad de su palabra y tanto proclamar y defender la verdad de Jesucristo y guiar a la iglesia. La reforma protestante tuvo su enfoque en dos cosas principales de las cuales la primera era establecer quien determinaría sobre lo que es verdad y, en segundo lugar, reconciliar lo que somos con lo que Dios es, para así pasar de una fe ciega al glorioso descubrimiento que se encuentra en Cristo Jesús.

Martín Lutero (1483-1546)

El tan reconocido iniciador del movimiento de la Reforma, Martín Lutero nació Eisleben, Alemania, el 10 de noviembre de 1483. A la edad de veintidós años Lutero ingresaría a un monasterio agustino e iniciaría su peregrinaje monástico y su lucha por comprender la revelación especial de Dios. El interés particular de Lutero sería su salvación propia más que la de los demás. Para ese momento en Europa reinaba la confusión y el tema central de conversación era sobre la salvación y la condenación. Fue característico de su vida la confesión de pecados antes de iniciar el movimiento de la reforma protestante. Una y otra vez repasaba cada una de sus acciones y pensamientos, y mientras más los repasaba más pecado encontraba en ellos.[6] Muchos prejuicios y supersticiones de su parte mantuvieron el espíritu del reformador latente a querer descubrir la verdad. Lutero nunca escondió su vida interior y en sus escritos ha descrito ampliamente su angustia y sus dudas religiosas.[7] Sería presamente estos eventos y hechos que llevaría a Lutero a descubrir por sí mismo que es lo que realmente decían las Escrituras. Habiendo memorizado el Salterio y hacer sus estudios de doctorado en teología, Lutero estudiaría a profundidad la palabra de Dios y posteriormente serían enviado a Wittenberg, tiempo en el cual según los historiadores Lutero pudo estudiar, meditar y orar las Escrituras y un nuevo mundo sería abierto y se centraría en el análisis de los acontecimientos de la vida de Jesús interpretando los salmos cristológicamente. Sería precisamente este monje alemán el que comenzaría el movimiento de reforma protestante el 31 de octubre de 1517.

En la mañana de ese día, Martín Lutero clavó en la puerta de roble de la Catedral de Wittenberg un pergamino que contenía las noventa y cinco tesis o declaraciones, casi todas relacionadas con la venta de indulgencia, pero en su aplicación atacaba la autoridad papal y sacerdotal.[8] Después de llegar a un entendimiento más profundo de lo que era el verdadero mensaje de la revelación bíblica, Lutero descubrió la corrupción que se estaba haciendo a través de la venta de indulgencia mayormente porque estas no tenían ningún sostén bíblico, lo cual lo llevaría a protestar en contra de estos abusos y proclamar que la salvación únicamente pertenecía a Dios, y doctrinas tales como la del purgatorio nuevamente fueron exhibidas y mostradas como ajenas a las Escrituras y a la verdadera doctrina de la iglesia. El segundo punto que el reformador señalaba tenía que ver precisamente con temas de salvación. El pasaje que más resonaba en el corazón del reformador era precisamente del libro de Romanos: El justo por la fe vivirá (Rom. 1:17), entendiendo que tanto para el perdón de Dios como para la fe salvadora estas dependían únicamente de la obra redentora de Cristo y por lo tanto no había merito humano para alcanzar tanto el perdón como la salvación, negando así la autoridad papal que se tenía en ese momento como médium. Nuevamente, la argumentación de Lutero venía precisamente de la revelación bíblica y sus conclusiones lo llevarían a desafiar la autoridad papal y su mal uso de este. Esto se hizo sobre la base de la autoridad de la Biblia y con la declaración: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.[9] El punto de Lutero fue el de exhortar tanto a los líderes eclesiales como al pueblo en general a vivir a la luz de la palabra de Dios la cual estaba plasmada en las Sagradas Escrituras.

Un tercer punto que Lutero expuso en contra de la iglesia católica romana era el carácter de la tesorería de la iglesia los cuales decían en que consistiría los méritos donados por Cristo y por los santos. Para ello, el reformador presentaría en sus 95 tesis sus inconformidades a la luz de lo que él había descubierto al estudiar las Sagradas Escrituras. Para la liturgia de la iglesia en cuanto a su entendimiento teológico, Lutero presentó un gran énfasis en la exaltación de la gloria, la cruz y la Biblia como autoridad definitiva y que la revelación de Dios y su justicia era comprendida en la persona y obra de Cristo. La iglesia luterana cree que el cuerpo de Cristo está presente en el pan y el vino, pero sin cambiar su sustancia, doctrina que concuerda con la omnipresencia corporal de Cristo.[10] Tanto en su teología como en su reverencia hacia las Escrituras Lutero impulsó a los corazones de los fieles a buscar la verdad la cual podía ser encontrada únicamente en la persona de Jesucristo. El reformador sería de inspiración para otros hombres que estaban en busca de esta misma verdad, pero mayormente por la proclamación de la verdadera esencia del evangelio y la gloria de la salvación eterna encontrada en Jesucristo.

Ulrico Zwinglio (1484-1531)

Nacido en una pequeña provincia de Suiza en enero de 1484, Ulrico Zwinglio continuaría el camino de la reforma de la iglesia en Europa, particularmente en el país suizo. Influenciado por el gran sacerdote Erasmo, Zwinglio seguiría sus convicciones bíblicas a la luz de su intelecto y su discernimiento teológico. En 1519, cuando todavía era pastor de la iglesia de la gran catedral de Zúrich, comenzó a predicar sermones expositivos a denunciar las prácticas de la iglesia católica.[11] Dedicándose al estudio profundo de las Escrituras, Zwinglio llegaría a la conclusión de la infalibilidad de la Biblia llevándolo por consiguiente a seguir sus convicciones, pero separado de la iglesia que para ese entonces seguía bajo el régimen de Roma. La reforma en Suiza se levantó independiente de la de Alemania, aunque simultanea con ella, bajo la dirección de Zwinglio que en 1517 atacó la remisión de pecados mediante peregrinaciones a un altar de la Virgen en Einsieldn y en 1522 rompió de manera definitiva con Roma.[12]

Ulrico Zwinglio tendría una teología mayormente teocéntrica. Desde esta perspectiva, el reformador suizo daría su posición teológica respecto a la predestinación con la cual establecía que en ella se encontraban dos ramificaciones, la primera comprendía que algunos habían predestinados para salvación y otros cuantos para reprobación. Todo esto podría ser comprendido desde su posición respecto a la providencia de Dios. Consideraba a la iglesia invisible como la única iglesia verdadera y les dio valor a los sacramentos eclesiales. Ulrico también estaba a favor que tanto la iglesia como el estado son co-extensivos, pero con la diferencia de que la ley cristiana tenía mayor importancia que la ley civil. Dentro del aspecto litúrgico, Zwinglio dijo que Cristo no está presente corporalmente en los elementos sino ausente, porque está en el cielo corporalmente, no niega la presencia corporal de Cristo en la tierra, pero si niega que su presencia esté en algún sentido especial en los componentes de la cena.[13] Desde el punto de vista del reformador suizo, el bautismo infantil era aceptado y lo promovía entendiendo que era similar al pacto cristiano con Dios, o más específico, lo consideraba como la circuncisión judía, el pacto de Dios con Abraham.

Juan Calvino (1506-1564)

Posterior a la aparición de Zwinglio en el escenario de los protestantes, en el país de Francia se levantaba otro hombre que apoyaba las ideas de la reforma y que posteriormente se convertiría en uno de los pilares de la teología reformada, su nombre, Juan Calvino. Calvino al igual que los reformadores anteriores a él, rechazó ideas y creencias de la iglesia católica romana. En el año 1536 publicaría su libro titulado: “Institución de la religión cristiana” la cual contaba con seis capítulos en su contenido. Los primeros 4 aborda el tema de la ley, el Credo, el Padrenuestro y los sacramentos con los cuales fungía la iglesia. Los dos últimos, de tono más polémico, resumía la posición protestante con respecto a los “falsos sacramentos” romanos y la libertad cristiana.[14] Los puntos principales de Calvino tenían que ver con el énfasis a la importancia de la interpretación bíblica. En primer lugar, Calvino señaló en el proceso de la iluminación del Espíritu Santo, el cual era necesario para preparar al interprete tanto en su mente y corazón para que tanto su enseñanza como su interpretación estuviera alineada al mensaje de la revelación bíblica. 

En segundo lugar, Calvino fue un oponente a la interpretación alegórica de las Escrituras ya que esta la consideraba como satánica. En tercer lugar, el reformador fue puntual en señalar que el mejor intérprete de las Escrituras son las Escrituras mismas.   

Como buen agustino, Calvino veía todos los aspectos de la vida coram Deo, en la presencia de Dios.[15] Tanto en su pensamiento teológico como en su discernimiento al escudriñar las Escrituras el reformador Juan Calvino fue considerado como el primer interprete científico de la Biblia. Sus distinciones a los reformadores que estuvieron antes que él, fueron notorias y su pensamiento generó un movimiento teológico que continua hasta nuestros días, el calvinismo.

Comparación Teológica

Hay ciertas distinciones y comparativas en el pensamiento teológico y la liturgia dentro de la iglesia entre estos tres reformadores. En relación con los elementos en la Cena del Señor, Calvino tuvo una posición intermedia entre Zwinglio y los luteranos, ya que creía que los elementos tenían la presencia espiritual de Cristo, pero no su presencia corporal.[16]
Por su parte Lutero rechazó la transubstanciación y aceptó que los elementos de la cena eran la presencia corporal del Señor. Zwinglio hizo mayor énfasis en el bautismo y consideró la cena del Señor como simbólica únicamente. De igual manera, Zwinglio resaltó la providencia de Dios en su gobierno universal. Por otra parte, con respecto a Calvino, Fullerton observa que “Calvino puede ser llamado adecuadamente el primer interprete científico de la historia de la iglesia cristiana”.[17] Tanto Juan Calvino como Martín Lutero rechazaron la interpretación alegórica de las Escrituras. Al igual que Lutero, Calvino aceptaba rotundamente que las Biblia tenía la autoridad final para todo asunto religioso y la autoridad para ser la guía de todas las personas por generaciones, mientras que la forma de interpretación de Zwinglio tuvo un enfoque mayormente humanista.

Evaluación Crítica Histórica y Teológica

El movimiento de la reforma protestante tuvo su comienzo por las inconformidades de hombres iluminados por el Espíritu Santo de Dios que los llevaba a toda la verdad del evangelio de Jesucristo. El catolicismo ha mantenido que las Escrituras eran tan oscuras que solo el ministerio de la enseñanza de la iglesia puede descubrir su verdadero significado.[18] El impacto de los reformadores fue revolucionario ya que esto permitió el acceso a estudiar y poder tener un entendimiento propio de las Escrituras para que tanto el corazón y la mente de los hombres fuera iluminado por la obra del Espíritu Santo y llegar al conocimiento glorioso de Jesucristo. El estudio de la exegesis de Lutero sí lleva a la conclusión de que el binomio fundamental de pecado y gracia, ley y evangelio, juicio y promesa sirven de premisa o lente para entender toda la Escritura.[19]
La diferencia con Zwinglio, es que el reformador suizo tuvo un enfoque mayormente teocéntrico que cristocéntrico. La teología de Lutero hizo mayor énfasis en elemento como la cruz y la gloria, así como también defendió a las Escrituras como la autoridad máxima y definitiva. Por su parte, Ulrico Zwinglio, abordó puntos teológicos como la predestinación, las dos naturalezas en la persona de Cristo, pero siendo considerado nestoriano. Calvino por otro lado, un reformador de segunda generación, revolucionó  el pensamiento de sus antecesores y su teología fue más sistemática. Abordó temas como el conocimiento de Dios, la Biblia, la creación, la humanidad, el pecado, la persona y obra de Cristo, el Espíritu Santo, la predestinación, la iglesia, entre otros. Históricamente podemos ver que el entendimiento teológico de estos reformadores fue evolucionando con el paso de los años y de sus estudios de la revelación bíblica. Calvino y Zwinglio siguieron la perspectiva ortodoxa de Cristo, es decir, que es una persona con dos naturalezas distintas y no hay mezcla entre ellas, sin embargo, Lutero tenía una diferente.[20] Históricamente sabemos, que cada uno de estos reformadores trazaría su propia línea de pensamiento tanto teológico como doctrinal llevándolos a cabo posteriormente.

Conclusión

Tanto Lutero como Zwinglio y Calvino le dieron un aporte de impacto tanto a la teología como la historia de la iglesia. Sus huellas siguen siendo de inspiración para las generaciones contemporáneas a mantenerse fieles a la verdad bíblica. Los reformadores llevaran al entendimiento humano a otro nivel cuando este se encontraba oscurecido por la iglesia católica romano. Provocaron un despertar en los fieles de buscar con un mayor fervor acerca de Dios y de su palabra, pero mayormente, de su revelación definitiva, la cual fue en Cristo Jesús. Más de quinientos años después las voces de estos hombres siguen resonando tanto en el mundo secular, así como en el mundo evangélico, para que le iglesia de hoy viva a la luz de aquel quien nos sacó de las tinieblas y nos guió Su luz admirable.



[1] Richard B. Ramsay, Católicos y Protestantes ¿Cuál es la diferencia? Miami, Florida: Editorial UNILIT, 2004. 66.

[2] Theo G. Donner, Historia de la Exégesis. Colombia: Academia 21, 2020. 291

[4] Theo G. Donner, Historia de la Exégesis. Colombia: Academia 21, 2020. 291 

[5] Justo L. Gonzalez, Historia del Cristianismo. Miami, Florida: Editorial Unilit. 2009. 139.

[6] Justo L. Gonzalez, Historia del Cristianismo. Miami, Florida: Editorial Unilit. 2009. 36.

[7] Mario Miegge, Martín Lutero, La Reforma Protestante y el Nacimiento de las Sociedades Modernas. Barcelona, España: Editorial CLIE, 2016. 12.

[8] Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la Iglesia Cristiana. Estados Unidos de América: Editorial Vida, 1999. 133.

[9] Mario Miegge, Martín Lutero, La Reforma Protestante y el Nacimiento de las Sociedades Modernas. Barcelona, España: Editorial CLIE, 2016. 30. 

[10] John F. Walvoord, Jesucristo Nuestro Señor: Ante Cuya Presencia Se Doblará Toda Rodilla. Edición de las Américas, 2021. 235.

[11] Paul Enns, Compendio Portavoz de Teología. Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2010. 462.

[12] Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la Iglesia Cristiana. Estados Unidos de América: Editorial Vida, 1999. 135.

[13] John F. Walvoord, Jesucristo Nuestro Señor: Ante Cuya Presencia Se Doblará Toda Rodilla. Edición de las Américas, 2021. 235.

[14] Justo L. Gonzalez, Historia del Cristianismo. Miami, Florida: Editorial Unilit. 2009. 73.

[15] Michael Horton, Calvino y la vida cristiana. Graham, Norte Carolina: Publicaciones Faro de Gracia, 2019. 16.

[16] John F. Walvoord, Jesucristo Nuestro Señor: Ante Cuya Presencia Se Doblará Toda Rodilla. Edición de las Américas, 2021. 235.

[17] Bernard L. Ramm, La Interpretación Bíblica Protestante: Un Manual de Hermenéutica. McAllen, Texas: Editorial Doulos, 2022.

[18] Bernard L. Ramm, La Interpretación Bíblica Protestante: Un Manual de Hermenéutica. McAllen, Texas: Editorial Doulos, 2022.

[19] Theo G. Donner, Historia de la Exégesis. Colombia: Academia 21, 2020. 307.

[20] Paul Enns, Compendio Portavoz de Teología. Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2010. 462.

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