Una respuesta al problema del Sufrimiento
Septiembre 30, 2026 - Hernan Gonzalez
El
sufrimiento y las consecuencias del mismo son para la humanidad uno de los más
grandes descontentos por los que podemos atravesar. Dado las mismas condiciones
de nuestro mundo y la experiencia humana, algunos considera que el sufrimiento
es la ausencia de Dios y que su descontento por nuestra rebeldía provocó que
nos dejara solos a nuestra propia suerte. Las enfermedades, accidentes fatales,
los desastres naturales etc., son una clara evidencia de que el sufrimiento es
algo real y que cualquier ser humano está expuesto a experimentarlo en algún
momento de su vida.
Las Escrituras son claras y nos hablan tanto del origen como de la realidad del sufrimiento. El apóstol Pablo nos dice que así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Rom. 5:12). Esto nos dice que ningún ser humano esta excepto de las consecuencias que el pecado trajo. Por otro lado, en otra parte de la Escritura nos dice que así como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa (Proverbios 26:2). Nuevamente los autores bíblicos hablan de ese mismo patrón en donde el sufrimiento esta al acecho y viene con consecuencias fuertes.
Cognitivamente
las respuestas que las personas han abrazado para si al experimentar algún tipo
de sufrimiento es simplemente incredulidad. Al no ver respuesta de Dios como
ellos quieren simplemente cierran su corazón y se quedan con la idea de que no
hay Dios (Sal. 14:1).
Dado que su afecto de igual manera experimenta cambios debido al sufrimiento, las personas suelen volverse antipáticas, frías y hasta cierto punto pesimistas en cuanto a la vida que tienen. Esto como consecuencia los lleva a tomar decisiones simplemente por impulso o a ciegas sin tener en cuenta la esperanza que Dios ha dado a la humanidad a través de Su Hijo, y atrayendo más sufrimiento para si (Sal. 109:17). De manera que el sufrimiento cuando es mal comprendido va a llevarnos a más dolor y desesperanza, y al dar lugar a la incredulidad nuestros padecimientos seguirán conduciéndonos a un dolor sin fin.
Si
hay una cosa que debemos de saber en cuanto al sufrimiento es que las
debilidades, las pruebas y el sufrimiento no son errores divinos, sino partes
cruciales del plan de Dios.[1] Las Escrituras nos dicen que así como el pecado reinó para muerte, así
también la gracia reina por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo,
Señor nuestro (Rom. 5:21). De manera que, aunque Dios permite que las personas
pasen o experimente algún tipo de sufrimiento no significa que el Señor no esté
en control de todo, sino por el contrario, Dios ha respondido al problema del
sufrimiento a través de Su Hijo.
Lo
que los creyentes debemos hacer al experimentar algún tipo de sufrimiento, es
precisamente recordar que el Señor ha prometido estar con nosotros en todas
nuestras tribulaciones para darnos consuelo o inclusive consolar a otros (2
Cor. 1:3-4). Es importante grabar en nuestra memoria las promesas que el Señor
ha hecho para con nosotros y que además de que todas las cosas nos ayuden a
bien (Rom. 8:28) nos dice también que debemos gloriarnos en las tribulaciones,
ya que estas produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza
(Rom. 5:3-4) y nos forman cada vez más a la imagen de Su Hijo (Rom. 8:29).
En segundo lugar, aunque el sufrimiento este presente en nuestras vidas el consuelo que nos trae la palabra de Dios le da animo a nuestro afecto, particularmente al señalarlos, que al tomar forma de siervo, el Señor experimentó el propio sufrimiento humano para entender nuestros padecimientos y ofrecernos así Su consuelo. Es por ello, que este Sumo Sacerdote puede compadecerse en nuestras debilidades y en nuestro sufrimiento, debe animarnos a abrazar este afecto divino para nuestro oportuno socorro (Heb. 4:14-16).
Así,
nuestra respuesta ante el sufrimiento es tomar la decisión de acercarnos
confiadamente ante el trono del Señor y no dejar que comentarios antibíblicos
hagan que quitemos la mirada del Autor y consumado de nuestra fe (Heb. 12:2) y
aunque sea grande el sufrimiento del justo, el Señor nos librará con una
esperanza eterna (Sal. 34:19).
[1] Paul David Tripp, Sufrimiento: La eternidad hace la
diferencia. Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2001. 10.
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