BAJO FUEGO: Una investigacion histórica del ataque a la doctrina de la Inerrancia e Inspiración de las Escrituras
abril, 15, 2026 - Hernan Gonzalez
La doctrina de la ortodoxia cristiana ha sido establecida desde el comienzo de su existencia por sus primeros seguidores y fundamentada principalmente por los líderes que según la tradición y la historia fueron los testigos oculares del ministerio del Salvador Jesucristo y dejaron en sus escritos, inspirados por el Espíritu Santo, un testimonio vivo por las generaciones futuras de creyentes. Aún y con la verdad ya revelada, la iglesia como su ortodoxia no evitó que fuera contaminada por la herejía y el error al grado de verse afectada provocando división dentro de la misma comunidad cristiana. Ante esta realidad, lo que la historia de la iglesia nos ha dejado a lo largo de estos XXI siglos es que la respuesta de los fieles y líderes eclesiásticos ha sido defender y aclarar todas las implicaciones teológicas que la misma revelación bíblica le ha dado al hombre particularmente en temas relacionados con la sana doctrina de la ortodoxia cristiana.
La Escritura se ha tenido en alta estima, no solamente por su origen divino sino por el impacto de su mensaje que ha marcado a millones de creyentes a lo largo de la historia, mayormente ante el manifiesto de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pero aun y con ello, no ha sido absuelta de ser atacada. No solamente la persona y divinidad de Cristo fue a atacada desde el comienzo de la iglesia, sino la Escritura misma ha sido cuestionada de su originalidad y la forma sobrenatural de su mensaje. Las disputas teológicas en sus primeros siglos se centraron en la cristología, en temas de salvación y de la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. No fue sino hasta el siglo XVIII que al comienzo de la nueva crítica literaria e histórica de la Biblia, con sus conceptos de la paternidad literaria y la redacción múltiple de los libros bíblicos, algunos teólogos abandonaron las doctrinas ortodoxas de la inspiración.[1] A la luz de este contexto histórico, hoy quiero presentar una cronología histórica de como la Sagrada Escritura ha sido señalada y puesta en tela de juicio y quienes han sido sus principales opositores comenzando desde Hugo Grotio hasta el teólogo protestante suizo Karl Barth y cuál fue la respuesta de la iglesia para defender dicha doctrina.
Trasfondo Histórico
A decir verdad, que el día de hoy tengamos un
Canon con el cual se rige la ortodoxia cristiana es un indicativo que la
iglesia se vio obligada en algún momento en su historia a reconocer que libros
eran auténticos e inspirados para ser la guía de una iglesia creciente. Desde sus primeros años se tiene
evidencia que el Canon del Nuevo Testamento era reconocido casi en su totalidad
desde finales del siglo I y principios del siglo II. En tres cartas escritas entre
los años 95 y 110 d.C., tres padres de la iglesia primitiva, Clemente de Roma,
Ignacio y Policarpo, citaron 25 de los 27 libros del Nuevo Testamento, solo no
se hizo referencia a los cortos libros de Judas y 2 Juan.[2]
Para el siglo III la ortodoxia como la iglesia cristiana ya contaba no
solamente con un Canon establecido sino también con un Credo que fue
desarrollado por la misma comprensión de los primeros teólogos cristianos que
buscaron en cierta forma evitar que la doctrina cristiana fuera manchada o
corrompida por el error y la herejía. Con respecto a la
doctrina de la inspiración y autoridad divina de las Escrituras, Joseph T. Lienhard ha argumentado con
fuerza que en los siglos II y III, cuando la iglesia se vio envuelta en una
batalla real con la herejía del gnosticismo, fue porque generalmente se
rechazaba todo el Antiguo Testamento como revelación divina.[3]
El entendimiento de los primeros cristianos que venía precisamente de la misma Escritura,
la cual establecía que tanto los escritos del Antiguo Testamento como del
Nuevo, eran divinos en su origen y como consecuencia eran reconocidos como
inspirados y autoritativo. La iglesia ha reconocido históricamente que “toda la
Escritura es inspirada por Dios” (2 Tim 3:16) y que en los escritos de las
Escrituras, los autores bíblicos “hablaron de parte de Dios siendo inspirados por
el Espíritu Santo” (2 P. 1:21).[4]
Estas verdades bíblicas de la ortodoxia cristiana serían reconocidas de igual
manera por los Padres post-nicenos y los reformadores.Siglo XVII: Primeros Críticos
y Era del Renacimiento
Históricamente, la enseñanza de la iglesia sobre la inspiración de las Escrituras se desarrolló desde un enfoque en el autor divino hacia un reconocimiento de la necesaria inclusión de los autores humanos.[5] La labor e intervención divina se consideró la norma y el fundamento que le dio origen a los Escritos que comprendían la Biblia. Posterior a ello, las doctrinas de la ortodoxia cristiana comenzó a sistematizarse para combatir el error y la herencia que buscaba desprestigiar la fe de los fieles. En cuanto a la doctrina de la Escritura, se desarrolló un vocabulario teológico en el cual se buscó establecer con estas afirmaciones la veracidad de la Palabra de Dios. La inerrancia, en primer lugar, afirmaba que la Escritura carecía de error alguno, y esto incluye la veracidad de datos históricos, geográficos o teológicos. En segundo lugar, la infalibilidad, señalaba que las Escrituras al ser la revelación y la palabra de Dios misma, era incapaz de tener errores, particularmente en temas de fe y teología. Y, en tercer lugar, inspiración, que significa que toda la Escritura está inspirada por Dios enfatizando que el Señor, como autor principal, esta de alguna manera detrás de toda su Escritura.
Si bien había suficiente evidencia para aceptar la doctrina de la inerrancia e inspiración, con el crecimiento en el raciocinio del ser humano vendría a poner en tela de juicio esta doctrina histórica tradicional. Hasta a mediados del siglo XVII, esencialmente todas las personas que profesaban ser cristianas aceptaban que la Biblia era completamente veraz en todo lo que afirmaba.[6] Debido al surgimiento del pietismo y el racionalismo, movimientos que surgieron posteriormente a la Reforma, dichas doctrina vino a ser el centro de ataque por el pensamiento secular que comenzó a infiltrarse no solo en los círculos académicos sino también dentro del pensar de la teología de la ortodoxia cristiana. Sería a partir de este punto en la historia que la doctrina cristiana de la sola Escritura experimentaría la controversia.
Hugo Grotios (1583-1646)
El teólogo Hugo Grotios quien nació el 10 de abril de 1583 en Holanda, sería uno de los primeros críticos de la ortodoxia cristiana sobre la inerrancia de las Escrituras. En medio de la controversia y el debate que existía entre los teólogos católicos romanos y los protestantes, Hugo Grotius fue mayormente influenciado por el racionalismo de su época llevando a convertirse en el padre de la teología natural como resultado de sus escritos con los cuales, en una sociedad dividida, sentaría las bases del derecho internacional, argumento basado primeramente en el derecho natural. Dicho pensamiento naturalista y racional lo llevó a poner bajo la lupa la doctrina tradicional de la inspiración. Su argumento que consistía principalmente de un enfoque en la razón, cuestionaría las implicaciones tradicionales de la ortodoxia cristiana acerca de la inspiración de la Escritura en su intento de reconciliar la teología con la razón.
Thomas Hobbes (1588-1679)
Filosofo político. El relacionarse con pensadores de renombre de su época como Rene Descartes y Galileo Galilei. El punto de vista de Hobbes respecto a la doctrina de la sola Escritura venía permeado de las ideas anteriormente promovidas por Hugo Grotius. Hobbes negó la doctrina tradicional de la inspiración de las Escrituras, argumentando que si la Biblia particularmente debía comprenderse a través del raciocinio humano más que entenderla como revelación infalible de Dios. Las controversias surgían sobre lo que enseñaba, pero no sobre lo que era.[7] En su obra titulada “Leviatán”, además de centrarse en temas que tenían que ver con política y poder, Hobbes sostuvo que las Escrituras no debían tomarse como revelación de Dios sino simplemente como la visión de la naturaleza humana. Dicho argumento carecía rotundamente de lo que históricamente nunca se había cuestionado en la ortodoxia cristiana acerca de la Escritura. Para este momento en la historia de la iglesia, la doctrina de la inerrancia vino de fuera de la comunidad cristiana.
Benedicto
Spinoza (1632- 1677)
Nacido en Ámsterdam en 1632, Spinoza fue un filósofo judío que adoptó la filosofía del racionalismo influenciado fuertemente por el pensamiento secular de la Edad Moderna. Como pensador y filosofo Spinoza se convertiría en un crítico radical de la autoridad bíblica tradicional, argumentando que la Biblia al ser un documento producido por seres humanos, no debía considerarse del todo como inspiración divina. Nuevamente en la historia eclesial, la doctrina de la inerrancia históricamente reconocida fue socavada. Aunque nunca negó la existencia de Dios en sus obras, como otros pensadores de su época si lo hicieron, parecía ser que Spinoza deseaba que la verdadera religión apareciera, la cual, según el filósofo, estaba basada en el amor y la justicia y tenía como finalidad la felicidad. En su obra “Ethics”, qué consiste básicamente en un tratado de ética y filosofía de la religión, Spinoza crítica las inconsistencias entre lo que se creía tradicionalmente acerca de la inerrancia de la ortodoxia cristiana y con lo que era y se conocía acerca de la humanidad en su época, razón por la cual, dado la inclinación religiosa de las personas, no podía considerarse en alta estima a las Escrituras, sino por lo contrario, y según Spinoza, la Biblia solo era el producto de una humanidad religiosa. La influencia de Spinoza continúa perdurando en la filosofía actual.
Respuesta de la confesión de fe
En
los credos ecuménicos de la cristiandad no se encuentran afirmaciones que
señalen defender la autoridad de la Escritura, porque esta nunca fue puesta en
duda como ocurrió siglos después en la historia de la iglesia. La respuesta de los
teólogos fieles a la ortodoxia cristiana para este tiempo en que la autoridad y
la inerrancia de las Escrituras se encontraba bajo ataque, vino del desarrollo
de la primera Confesión de fe de Helvética en el año 1536, seguida por la
confesión de Bélgica de 1561 y cerrando en este periodo histórico con la
confesión de fe desarrollada por la Asamblea de Westminster 1647 en la que se
señala que: “La autoridad de las Sagradas Escrituras, por la que deben ser
obedecidas, no dependen del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente
del testimonio de Dios (quien en sí mismo es la Verdad), el autor de ellas, y
deben ser creídas porque son la Palabra de Dios.[8]
Siglos XVIII y XIX: Teología
Liberal y la Alta Crítica
Después
de un largo periodo de dominio casi universal e indiscutido de las Escrituras
en Occidente, la crítica racionalista moderna durante los siglos XVIII y XIX puso
de nuevo en duda la autenticidad de los escritos bíblicos.[9]
Nuevamente en la historia de la iglesia, las doctrinas de la inerrancia e
infalibilidad de la Escritura recibirían un nuevo ataque de sus críticos y
presentarían argumentos mayormente humanistas para sus posiciones.
Friedrich Schleiermacher
(1768-1834)
Conocido mayormente como el Padre de la teología liberar, la figura de Schleiermacher sería fundamental para introducir un concepto alterado de la inspiración de las Escrituras que sería conocido en la historia como la alta crítica. Diferente al movimiento protestante, Schleiermacher reformuló completamente la doctrina de la inspiración para alinearla con su visión de que la religión cristiana es un sentimiento de absoluta dependencia de Dios.[10] Dicha posición si vio plasmada en sus obras “Über die Religion” en 1799 y “Glaubenslehre” volumen producido entre 1821-22. A través de estos escritos Schleiermacher definió la religión como “el sentimiento e intuición del universo”, concluyendo así que la Biblia es simplemente una expresión humana de la experiencia religiosa y no meramente libros con Escritura de carácter especial y revelación divina. Para Schleiermacher la inspiración de los autores bíblicos fueron simplemente reflexiones de los discípulos acerca de la fe en Jesús.
Adolf von Harnack (1851-1930)
El gran destacado teólogo e historiador de la iglesia, Adolf von Harnack, entraría a la lista negra de aquellos hombres que influenciados por un pensamiento distinto al de la ortodoxia cristiana histórica tomarían una posición de crítica en cuando a la doctrina de la Inerrancia de las Escrituras. Para el siglo XIX, el movimiento de la Alta Crítica había florecido en Alemania, país de origen de Harnack, el método histórico crítico que se promovía sería el estándar académico no solo para la interpretación bíblica, sino para el análisis biográfico del Jesús histórico. A través de esta metodología, Harnack no solo exhortó a los cristianos a cuestionar la autenticidad de las doctrinas de la ortodoxia cristiana, sino que también rechazó la historicidad del evangelio de Juan. Posteriormente haría una crítica del Credo de los apóstoles, credo de gran valor histórico y doctrinal de la ortodoxia cristiana. La posición de Harnack consistía básicamente en reconocer la Biblia solo como un documento histórico y religioso, un genio literario elevado por sus autores, más que un documento que contenía revelación divina por escrito, sin error y autoritativa.
Julius Wellhausen (1844-1918)
Paralelo al tiempo de Adolf von Harnack y con el movimiento de la alta crítica que cuestionaba la datación y los orígenes de la Biblia, se habría camino para otra posición que desafiaría no solamente la autenticidad bíblica sino también la noción tradicional de la revelación verbal y plenaria, la Hipótesis Documentaria. “La Hipótesis Documentaria” propuesta por Jean Astruc, en pocas palabras es una argumentación que niega que Moisés sea el autor del Pentateuco y señala que dichos documentos que lo componen en realidad fueron escritos a partir de cuatro fuentes diferentes. Julius Wellhausen popularizaría dicha hipótesis en su obra: “Prolegomena to the History of Ancient Israel”, (Prolegómenos a la historia del antiguo Israel). En este libro Wellhausen presentaría sus argumentos con los cuales respaldaría su posición, pero al igual que sus antecesores, se alejaría por completo de lo que era la ortodoxia cristiana tradicional, evidenciando que su posición estaba basada meramente en suposiciones. La respuesta de la iglesia nuevamente se basaría en la tradición de la fe y la ortodoxia cristiana la cual sostiene que el mover de Moises y su originalidad vino por la dirección del Espíritu de Dios.
El Siglo XX y la Neo-Ortodoxia
En la
Reforma, ambas partes, católicos y protestantes, sostenían que la Escritura era
“un compendio de oráculos inerrantes dictados por el Espíritu”.[11]
Cuando la controversia y la duda dio lugar a especulaciones respecto al origen y
composición de las Escrituras las teorías de inspiración surgieron buscando dar
una explicación a los escritos que componen la Biblia. Los representantes de la
teoría de la intuición afirmaban que los autores de los libros bíblicos estaban
inspirados exactamente del mismo modo en que lo estuvieron poetas, dramaturgos,
filósofos y genios tales como Homero, Platón, Shakespeare, Milton Dostoievski.[12]
Dicha teoría, por ende, negaría las verdades absolutas de las Escrituras. No sería
sino hasta el comienzo del siglo XX que un nuevo movimiento teológico surgiría:
la Neo-Ortodoxia. La Neo-ortodoxia en su significado literal es: “nueva
ortodoxia”. Los teólogos neo-ortodoxos tomarían la posición tradicional en su
creencia de que Dios se había revelado en la historia a través de actos portentosos,
pero que el hombre, un ser falible, registró dichos actos de manera imperfecta.
Nuevamente en la historia de la teológica y de la ortodoxia cristiana, la
doctrina de la inerrancia volvería a ser el punto central de la controversia y
el debate.
Emil Brunner (1889-1966)
Heinrich Emil Brunner junto con el teólogo Karl Barth, se les asocia no solamente con la teología Neo-ortodoxia sino también por pertenecer al grupo conocido como la teología dialéctica. Aunque Brunner fue un defensor de la persona de Cristo de la teología liberal, su cuestionamiento sería a partir de la utilidad de la doctrina de la inspiración verbal plenaria de la Biblia. Brunner expresó su preocupación con la falsa identificación con la ortodoxia de la Escritura y la Palabra diciendo: “Cuanta fe bíblica genuina se pudrió o fue impedida o comprendida mediante la falsa teoría de la Biblia.[13] Tal afirmación surge a partir de su posición respecto a la doctrina de la Inerrancia. Brunner se inclinó por una posición que no aceptaba literalmente la inspiración. Hizo mayor énfasis en la experiencia y la revelación de la persona de Cristo a través de la Escritura al lector cristiano, más que señalar que la Biblia fuera un texto literalmente inerrante. La neoortodoxia falla apologéticamente debido a su negativa a relacionar la fe con el hecho, y teológicamente por su negativa de enlazar la fe con las Escrituras objetivas.[14] Al igual que los teólogos anteriores a él, sus posiciones fueron equivocadas.
Karl Barth (1886-1968)
El reconocido teólogo neo-ortodoxo más influyente fue Karl Barth. Aunque Barth hizo grandes aportes a la teología cristiana, una de las deficiencias de su interpretación y comprensión de la revelación bíblica vino precisamente al rechazar la doctrina de la inerrancia. Barth también rechazó la formulación evangélica de la inspiración de la Biblia, afirmando únicamente que las Escrituras son «Palabra de Dios en la medida en que Dios hace que sea Su Palabra, en la medida en que habla por medio de ella», y rechazó la doctrina tradicional de un Adán histórico.[15]
En
su perspectiva clásica la ortodoxia cristiana sostenía que la Biblia es
inerrante en todos los aspectos debido a su origen divino. Otros teólogos hablaron
de una inerrancia limitada que proponía que la Escritura era inerrante al menos
en temas de salvación y fe, pero en áreas como las ciencias o la historia, era
limitada por las mismas limitaciones humanas. La posición de Barth, por el
contrario, giro particularmente en su intento de replantear el entendimiento
tanto de la naturaleza como de la autoridad de la Biblia. Barth argumentaba
que: “la Escritura se convierte en la palabra de Dios cuando el hombre se
encuentra con Cristo a través de ella”, esto juntamente con la participación
del Espíritu Santo, pero rechazando así la inerrancia verbal que la tradición
cristiana había sostenido por siglos.
Declaración de Fe de
Chicago 1978 sobre la Inerrancia Bíblica
Si
bien, para el siglo XX el ataque a la doctrina de la inerrancia de la Escritura
se hizo presente, teólogos conservadores a la ortodoxia cristiana e histórica, presentaron
las deficiencias de los argumentos presentados por reconocidos teólogos como
Barth, Brunner y Bultmann. Si bien apreciamos el movimiento hacia la ortodoxia
representada por Karl Barth, no estamos de acuerdo con la elusión de la inspiración
de las Escrituras, de modo que las Escrituras solo se convierten en la palabra
de Dios.[16] La
declaración de fe de Chicago en 1978 reafirmaría la doctrina de la Inerrancia e
Inspiración de las Escrituras que había sido aceptada desde los comienzos de la
ortodoxia cristiana. En el artículo 11 de su declaración se señaló: “Afirmamos
que la palabra de Dios, siendo impartida por inspiración divina, es
absolutamente fidedigna, de modo que, lejos de confundirnos, es veraz y
confiable en todas las cuestiones que trata.”[17]
Conclusión
La inerrancia e inspiración de las Escrituras es una doctrina fundamental de la fe cristiana, negarla sería ir en contra de los principios doctrinales que hacen del cristianismo diferente a otras religiones. Aunque en tiempos en la historia de la iglesia se ha puesto en duda la revelación escrita del Dios Trino, hombres fieles a su revelación han luchado por preservar y mantener la Escritura con el valor mismo que el Señor nos ha dejado a lo largo de poco más de veintiún siglos. Al defender la Escritura, defendemos el evangelio y al mismo tiempo proclamamos la buena noticia de Jesucristo que es el verdadero mensaje de Dios a un mundo que clama por su redención.
[1] James Leo Garrett, Teología Sistemática: Bíblica, Histórica
y Evangélica. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 1996. 130-131.
[2] Norman Geisler y Frank Turek, No Basta mi fe para ser
Ateo. Colombia: Publicaciones Faro de Gracia, 2019. 276.
[3] Michael A.G. Haykin, Redescubriendo a los
Padres de la Iglesia. Salem, Oregón: Publicaciones Kerigma, 2021.
82-83.
[4] Gregg R. Allison, Historical
Theology: An Introduction to Christian Doctrine. Grand Rapids, Michigan: Zondervan
Academic, 2011. 59.
[5] David S. Dockery &
Malcolm B. Yarnell III, Special Revelation and Scripture. Brentwood, Tennessee:
B&H Academic, 2024. 167.
[6] Robert L. Plummer, 40
Preguntas Sobre Cómo Interpretar la Biblia. Grand Rapids, Michigan:
Editorial Portavoz, 2013. 37.
[7] Clark Pinnock, Revelación
Bíblica. Barcelona, España:
Editorial CLIE, 2004. 143.
[8] Confesión de Fe de Westminster. FUNDACIÓN
EDITORIAL DE LITERATURA REFORMADA. España, 2013. 10.
[9] Herman Bavinck, Dogmática Reformada. Barcelona,
España: Editorial CLIE, 2023. 159.
[10] Gregg R. Allison, Historical Theology: An
Introduction to Christian Doctrine. Grand Rapids, Michigan: Zondervan
Academic, 2011. 70.
[11] Clark Pinnock, Revelación Bíblica.
Barcelona, España: Editorial CLIE, 2004. 141.
[12] James Leo Garrett, Teología Sistemática: Bíblica,
Histórica y Evangélica. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 1996. 133.
[13] Clark Pinnock, Revelación Bíblica.
Barcelona, España: Editorial CLIE, 2004. 151.
[14] Ibid., 128.
[15]
https://www.coalicionporelevangelio.org/ensayo/teologia-barthiana/
[16] David S. Dockery &
Malcolm B. Yarnell III, Special Revelation and Scripture. Brentwood,
Tennessee: B&H Academic, 2024. 171.
[17] John MacArthur y Richard
Mayhue, Teología Sistemática. Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2018. 111.
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