LA REVELACIÓN NATURAL Y ESPECIAL DE DIOS
Febrero 5, 2026 - Hernan Gonzalez
El hablar de Dios o presuponer esta idea de un Dios como tal, es una de las formas como en la actualidad los debates y la controversia surgen dentro de la sociedad, mayormente, en el conflicto entre creyentes y no creyentes. ¿Cómo en la actualidad podemos probar que la Biblia es la revelación misma de Dios? Bueno, para responder a esta cuestión, es importante establecer en primer lugar cuales son nuestras bases y fundamentos, los cuales tomamos como eje para argumentar este cuestionamiento. Estos prolegómenos, desde la perspectiva cristiana, se han planteado con el fin de tener una doctrina que más que un pensamiento lógico razonable, nos ayude a presentar y proclamar el mensaje del evangelio. Particularmente hablan de Dios y su revelación, La Biblia sigue siendo el único lugar donde Dios se revela a sí mismo, motivo por el cual es la única fuente de una teología.[1] Dicho de este modo, si Dios se ha dado a conocer por iniciativa propia a la humanidad, comprender las formas de su revelación nos puede ayudar a conocer un poco acerca de Su carácter, Su personalidad y de Su naturaleza divina. Desde la antigüedad, este aspecto de comprender una supuesta revelación de una deidad es un patrón de conducta que muchas civilizaciones tuvieron o adoptaron, y a su manera, cada uno estableció su propia creencia y liturgia. Este dilema forma parte del telón de fondo sobre el que surgió un nuevo conjunto de disciplinas, estas disciplinas se centran en la psicología, la sociología, la antropología, la historia y la literatura de las religiones del mundo.[2]
A diferencia de estas religiones o civilización, la revelación y la manifestación del Dios verdadero fue evidente en tiempos antiguos y sus portentosas manifestaciones fueron registradas por su misma nación escogida, de los cuales, hasta en la actualidad se encuentran sus relatos y existe evidencia arqueología que lo respalda. Mayormente en la revelación y encarnación de Jesucristo, este argumento toma un peso imposible de derrocar. Por lo tanto, siendo intelectualmente honestos, solo la Biblia puede ser tomada como fidedigna y autoritativa para hablar de la revelación de lo divino dado el grado de confiabilidad e historicidad que la respalda. Existen dos términos con los cuales se ha establecido como puede comprenderse dicha revelación de Dios y como esta, dada la naturaleza de la misma, debe llevarnos a un entendimiento profundo acerca del conocimiento de lo divino. Hoy quiero compartire los prolegómenos con los cuales se ha establecido las doctrinas de la revelación natural y especial de Dios y como estas implicaciones tienen un impacto tanto en la teología, así como en la doctrina cristiana y en la iglesia.
Trasfondo
La revelación
divina es comprendida como el accionar de Dios, en el cual tenía como objetivo
que la humanidad conociera acerca de Él mismo y esto tuviera un impacto positivo
en ellos. En el mundo cristiano evangélico, desde el comienzo de la iglesia tal
y como se conoce hoy, ya se tenía establecido dicha doctrina primariamente de
los autores bíblicos. Particularmente, desde el Antiguo Testamento, los
hagiógrafos plasmaron en sus escritos de forma implícita que la inspiración por
el Espíritu Santo fue esta idea en la cual Dios dio detalles de Él mismo en aspectos
que están directamente conectados con la creación y sus propósitos salvíficos,
comprendido esto mayormente en el Nuevo Testamento. Por otro lado, según este
punto de vista secular, la idea de Dios es en realidad una invención humana,
Dios es una idea humana creada para satisfacer las necesidades humanas.[3] Sin
embargo dado la misma naturaleza de la revelación encontramos que el origen de
la misma no vino particularmente por iniciativa humana, sino por el contrario,
el Dios único y verdadero se estaba dando a conocer.
El conocimiento de Dios.
Los teólogos reformados comprendieron que cuando hablamos del conocimiento de Dios, el primer paso en nuestro estudio consiste en entender la doctrina de Dios ya que a partir de ahí comprenderemos todo lo demás, porque cuando hablamos de soteriología no se trata de cómo somos salvos si no de quien es el Dios que salva. Cuando abordamos todo el marco bíblico, es interesante notar como los autores bíblicos tuvieron una comprensión acerca del conocimiento de Dios y a partir de esa revelación produjeron sus escritos juntamente con la intervención divina de la inspiración del Espíritu Santo. Por lo tanto, nuestro conocimiento de Dios siempre se basa en la revelación.[4] Al revelarse Él mismo le dio la pauta y las normas a la humanidad con las cuales pudieran tener un entendimiento del Dios vivo y así comprender su revelación en todas sus formas.
En las
Escrituras encontramos a Dios repitiendo constantemente su declaración: “Yo soy
tu Dios”.[5] Dicha
declaración, como el mismo retrato bíblico nos detalla, bien pudo ser una
revelación audible con la cual el Señor fue mostrándose a ciertas personas en
particular, con un llamado particular. Dios tenía que revelarse personalmente a
cada individuo para que el individuo pudiera asir el conocimiento de Dios.[6] Dicho
conocimiento más que elevar el intelecto personal, tiene el objetivo de darle
vida eterna a cada persona que venía a la fe de esta revelación progresiva que
tuvo su culminación en la persona de Jesucristo (Jn. 17:3). Por ello, el
conocimiento de Dios es fundamental cuando buscamos abordar los prolegómenas de
la fe y de la doctrina cristiana para así tener nuestros pilares fundamentados.
La Revelación de Dios
Como los
seres humanos son finitos y Dios es infinito, para que ellos lleguen a conocer
a Dios debe ser a través de la manifestación que Dios hace sobre sí mismo.[7]
Aunque existe esta gran y amplia brecha entre Dios y nosotros, la divinidad y
su amor para con los hombres no ha sido indiferente. El accionar de Dios se ha
hecho presente para que a través del entendimiento humano llegue a la
comprensión de su método de manifestación, que es la revelación. La palabra
castellana “revelación” deriva del sustantivo latino revelatio, que a su
vez es una traducción del sustantivo griego apokalupsis,
etimológicamente la palabra significa “quitar el velo” y por ende
“descubrimiento”.[8] Dentro de la soberanía y
sabiduría de Dios, la revelación ha sido el medio con el cual se ha dado a
conocer a una humanidad caída y ha dejado huellas no solamente de su existencia
sino de su poder y deidad. En un lenguaje teológico, este método conocido como
“acomodación” simplemente quiere decir que Dios busca la forma que su revelación
misma pueda estar al alcance de la compresión humana a través de diferentes
medios y formas.
En las Escrituras encontramos una variedad de pasajes en los que encontramos este tipo de “acomodación” con los que los autores bíblicos dieron a conocer el mensaje o el carácter o presentan aspectos de la personalidad de Dios en un lenguaje que puede ser comprendido humanamente. Con este entendimiento revelacional de Dios se ha buscado establecer doctrinalmente como la divinidad con lo humano tiene cierta conexión particular y las implicaciones que esto conlleva. Para ello, entendiendo la naturaleza de la revelación divina, así como la naturaleza de la humanidad y sus grandes diferencias, es claro que hay una necesidad en primera instancia de la revelación divina para que el hombre le pueda conocer.
Necesidad de Revelación
La
humanidad se presenta como una raza caída cuya rebelión contra Dios y
esclavitud al pecado le impide oír, ver y comprender lo que se revela
claramente.[9] Dado que este diagnóstico nos dice claramente que debido a la condición
humana caída por el pecado como consecuencia el hombre natural no es capaz por sí
mismo poder comprender la revelación de lo divino. El apóstol Pablo habla claramente
en sus cartas y esclarece todas las deficiencias que el ser humano tiene en
cuanto a su contacto con lo divino, de manera que, la autorrevelación de Dios
significa que se revela a sí mismo como el Dios soberano del universo que ha
escogido hacer al hombre a Su imagen y darse a conocer a este.[10] Dado
la condición del hombre y el amor soberano del Dios de las Escrituras su
revelación de sí mismo ha sido eminente para la raza humana para ser
comprensible en sus diferentes formas y a través de sus diferentes medios.
Revelación General y
Teología Natural
Como primera evidencia de la revelación divina ha sido catalogada como la revelación general. Este primer aspecto de la revelación divina general es algo que de primera instancia debe ser comprendida como autónoma, en este caso, que es una revelación propia que no necesita algún factor externo para que esta se lleve a cabo, sino por el contrario, la naturaleza misma de esta revelación nos muestra indicios por su composición, la forma de su mensaje y manera en que esta es comprendida en el mundo natural. La revelación general se ha encontrado en tres áreas: la naturaleza, la historia y la humanidad.[11] Los teólogos han establecido que el primer acto de la revelación de Dios es a través de la naturaleza, y cuando vemos este aspecto desde el marco bíblico, encontramos varios pasajes como en Salmos 19:1-6, en donde el autor David nos muestra que la noticia dada por la misma naturaleza nos habla de la gloria de Dios y esta alcanza a todos los pueblos y naciones. Algunos interpretes sostienen que en la época del salmista cualquier captación de la revelación general dependía también de la participación del pacto con Yahvé, y consiguiente con tener acceso a la Torá.[12] Aunque otros han considerado que esto debe tratarse como teología natural dado que es la naturaleza misma la que nos habla de la revelación de Dios, existen diferencias significativas en cuanto a lo que es teología natural y lo que es revelación general. En primer lugar, la teología natural estudia la manera en que se conoce la existencia de Dios fuera de la fuente bíblica, específicamente a través del uso de la razón.[13] Uno de los principales promotores de esta teología fue el tan reconocido teólogo Tomas de Aquino. Tomas buscó demostrar a través de argumentos y el uso de la razón temas que podían ser explicados al tratar el asunto la existencia de Dios, tales como la inmortalidad en los seres humanos, etc. Por lo tanto, es importante esclarecer que hay una línea muy marcada de diferencias entre lo que es revelación general y la teología natural. Por otro lado, en los tiempos de la Reforma, no se discutió la distinción entre la revelación natural y la sobrenatural, pero al principio los reformadores le asignaron un significado distinto,[14] para así tener una clara distinción entre la teología natural y la doctrina de revelación teísta cristiana.
Ahora, por
su parte, la revelación general ha sido establecida como la manifestación del
Dios vivo quien es el Autor Creador del mundo natural, en el cual el cosmos se
convierte en el escenario que en primera instancia da testimonio del teísmo
cristiano. A diferencia de la posición Tomista, cuando hablamos de la
revelación general de Dios a través del cosmos estamos hablando que son
verdades de revelación y no verdades de razón. Lo que las Escrituras nos dicen
lo que debemos entender acerca de lo que es la revelación general es que dicha revelación
bien pudiera tener varias connotaciones.
En términos básicos la revelación general es aquella revelación de Dios que está a la disposición de todos los seres humanos porque se descubre en el universo creado (la naturaleza) y en el interior de las personas (conciencia).[15] En primer lugar, la creación misma nos dice a nosotros como sus testigos que tanto el diseño, la belleza, el ajuste fino y el telos divino se hace claramente visible en la naturaleza de su composición y funcionalidad. En lenguaje teológico, revelación natural es un sinónimo de revelación general porque la revelación general nos viene por medio de la naturaleza.[16] El autor paulino, nos dice que: “porque las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y su deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Rom. 1:20)”. Este pasaje nos señala claramente que dicha revelación general está disponible tanto para creyentes como para no creyentes. “Que nadie tenga excusa”, parece sugerir que no da lugar a que el testimonio de la revelación de Dios a través del mundo creado pueda ser ignorado o pasar desapercibido, sino por el contrario, debe llevar a las personas a una convicción de fe en el Creador.
Si bien la
revelación general se ha establecido como una norma con la cual Dios se ha dado
a conocer a la humanidad, de igual manera, es una forma que nos permite
comprender que cosmovisiones como el deísmo o el panteísmo son ajenas al Dios
verdadero. El evangelio nos proporciona un marco dentro del cual entender
experiencias del y en el mundo, por medio de la enseñanza de la Escritura, el
mundo se convierte en un lugar de revelación, en el que los cielos cuentan la
gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Sal.19:1).[17]
Revelación Especial
Otro aspecto que tiene que ver con la revelación de Dios, ha sido establecido por la definición de revelación Especial. Al igual que la revelación general, la revelación especial puede comprenderse desde varias perspectivas. Algunos han considerado que la revelación especial de Dios es vista en las Escrituras, ya que son estas las que nos permiten conocer acerca de todo el plan redentor de Dios, desde su comienzo hasta su consumación escatológica. Por otro lado, otros han sugerido que la revelación especial debe comprenderse a la luz de la manifestación y revelación de Jesucristo, ya que al ser el resplandor y la imagen misma de la sustancia divina y al haber sido el mensaje profético que salió de la boca de los profetas hebreos, la revelación última y mayormente plena de Dios fue la persona de Jesús (Heb. 1:1-3). Conociendo todo el plan divino bien podríamos decir entonces que la revelación especial nos muestra el plan redentor de Dios.[18] Interesantemente la misma evidencia interna dentro de las Escrituras respaldan ambas realidades.
En primera
instancia, en Salmos 19:7-9 David describe la naturaleza eficaz de la ley de
Dios, así como el sol es la figura dominante de la revelación natural de Dios
(Sal. 19:4-6) así la ley de Jehová es el elemento dominante de la revelación
especial en el Antiguo Testamento.[19] La
Escritura se comprendió como el modo de revelación especial de Dios, ya que a
través de la misma se podía conocer el carácter de la naturaleza divina a
través de Su Ley Santa y de sus propósitos redentores de forma progresiva. Esta
manifestación divina fue dándose a través de pactos. El fundamento de la
revelación bajo el Antiguo Pacto es la elección por parte de Dios de un pueblo
especial, Israel.[20] Sería
a través de esta nación escogida con la que Dios estaría obrando para preparar
el escenario con el cual le daría la entrada al Salvador y Mesías para ser Él el
cumplimiento de sus promesas y la majestad de su revelación.
Ya para cuando
el Nuevo Testamento se escribió esta misma realidad de la revelación de Dios
seguían siendo una verdad en los ahora creyentes cristianos e hicieron de la
Escritura la norma autoritativa y canónica. Dicha posición, parece ser adoptada
por los escritores del Nuevo Testamento, ya que no solamente los escritos del
Tanak judío eran vistos desde esta óptica, sino también escritos que componen
el Nuevo Testamento que ya se encontraban en circulación. El autor del libro de
los Hebreos señala que la revelación que fue manifestada a los primeros padres
había llegado a su mayor comprensión de la obra salvadora de Jesucristo (Heb.
1:1-2). Con esta revelación Dios se nos da a conocer como el Dios trino, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, de manera que esta revelación es histórica y progresa durante
el curso de los siglos, alcanzando su culminación en Jesucristo, el mediador de
la Creación y la redención.[21]
La palabra de Dios como medio de revelación es por lo tanto, la guía y la norma con la cual el creyente busca hacer de la voluntad de Dios una realidad. En los últimos siglos, los cristianos han discutido y debatido la naturaleza de las Escrituras, a menudo con controversias estridentes tanto en la iglesia como en la cultura, controversias que desafían el lugar de la autoridad bíblica.[22] Aunque pudiéramos hablar de los debates particulares que han surgido a lo largo de la historia, una cosa es cierta, que el origen y naturaleza de las Escrituras es Dios mismo. Aunque el Antiguo Testamento fue escrito originalmente en hebreo y el Nuevo Testamento en griego, Dios, en la sabiduría de su gracia soberana, ha decretado y guiado la traducción de Su palabra a lenguas comunes de los pueblos alrededor del mundo.[23] Mayormente con el fin de que a través de esta literatura divina el mensaje del evangelio que parte de la revelación que Dios sea conocido por todos. El cristianismo, como todas las religiones, no puede sobrevivir a base de la revelación general por si sola; requiere un desvelamiento o manifestación divina especial.[24] Esta revelación ha quedado evidenciada y disponible para todos a través de la revelación Escritural, la Biblia, la cual nos apunta claramente a una sola persona, a Jesucristo.
Conclusión
La
revelación ha sido el medio con el cual la divinidad ha tenido contacto con los
terrenal. Ha sido la fuente con la cual el Señor a dejado evidenciado no
solamente la realidad de su existencia sino al mismo tiempo nos ha trazado su
plan redentor que tiene para con los hombres, para que así, ya sea revelación
general o revelación especial el punto climático de ambas manifestaciones tengan
su compresión en un solo nombre, en Jesús, en quien la creación está sujeta y Su
palabra nos da testimonio de Él.
[1] Gerald Bray, La Doctrina de Dios. Barcelona, España: Publicaciones ANDAMIO, 2009. 237.
[3] David Clark, Método Teológico.
Salen, Oregón: Publicaciones Kerigma, 2021. 217.
[4] John Frame, La doctrina del Conocimiento de Dios. Lima, Perú: Teología Para Vivir, 2020. 47.
[5] Herman Bavinck, Nuestro Dios Maravilloso. Salem, Oregón: Publicaciones Kerigma, 2020. 7.
[6] Paul Enns, Compendio Portavoz de Teología. Grand
Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2010. 147.
[7] Millard Erickson, Teología Sistemática. Barcelona, España: Editorial CLIE, 2008. 178.
[8] James Leo Garrett. Teología Sistemática: Bíblica, Histórica
y Evangélica Tomo 1. El Paso, Texas, Editorial Mundo Hispano, 1996. 55.
[9] William Sanford Lasor, David Allan Hubbard y Frederic William Bush, Panorama del Antiguo Testamento. Grand Rapids, Michigan: Libros Desafío, 2004. 10.
[10] John MacArthur y Richard Mayhue, Teología Sistemática. Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2017. 47.
[11] Millard Erickson, Teología Sistemática. Barcelona,
España: Editorial CLIE, 2008. 177.
[12] James Leo Garrett. Teología Sistemática: Bíblica, Histórica y Evangélica Tomo 1. El Paso, Texas, Editorial Mundo Hispano, 1996. 58.
[13] Millard Erickson, Teología Sistemática. Barcelona, España: Editorial CLIE, 2008. 177.
[15] James Leo Garrett. Teología Sistemática: Bíblica, Histórica y Evangélica Tomo 1. El Paso, Texas, Editorial Mundo Hispano, 1996. 57
[16] R, C. Sproul, Todos Somos Teólogos. El
Paso Texas: Editorial Mundo Hispano, 2015. 26.
[18] R, C. Sproul, Todos Somos Teólogos. El Paso Texas: Editorial Mundo Hispano, 2015. 30.
[19] John F. Walvoord, Roy B. Zuck, El Conocimiento Bíblico Un
Comentario Expositivo Antiguo Testamento Tomo 4. Puebla, Puebla, México:
Ediciones De Las Américas, A.C., 2000. 135.
[20] James Leo Garrett. Teología Sistemática: Bíblica, Histórica y Evangélica Tomo 1. El Paso, Texas, Editorial Mundo Hispano, 1996. 106.
[21] Herman Bavinck, Dogmática Reformada. Barcelona,
España: Editorial CLIE, 2023. 133.
[22] David S. Dockery y Malcolm B. Yarnell III, Special Revelation and Scripture. Brentwood, Tennessee: B&H Academic, 2024. 1.
[23] Paul David Tripp, ¿Realmente Crees? Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2022. 35.
[24] Herman Bavinck, Dogmática Reformada.
Barcelona, España: Editorial CLIE, 2023. 126.
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