¿A qué llamamos “Canon” del Nuevo Testamento y cuando fue cerrado desde la perspectiva de Dios?

 Agosto 29, 2025 – Hernan Gonzalez

Sabemos que la Biblia es ese conjunto de escritos que fueron puestos por Dios, inspirados divinamente y que nos permite conocer acerca de la persona de Dios y de nosotros mismos. Llamamos Canon del Nuevo Testamento a los 27 libros que forman parte de nuestra Biblia en la actualidad y es la norma con la cual la iglesia ha establecido todo su fundamento doctrinal y litúrgico. La palabra “canon” proviene del griego κανών, que significa “regla” o “vara de medir” o “norma” y que originalmente tiene su derivación del hebreo. Este término se uso particularmente durante el proceso en el cual la iglesia determinó que libros formarían parte de la Sagrada Escritura y que dichos documentos cumplían un riguroso requerimiento.

Entendemos que el Nuevo Testamento fue la revelación de Dios y los autores señalan que en Jesucristo quedó sellada la revelación última del Señor para el hombre (Hebreos 1:1). Desde la perspectiva humana comprendemos no solamente que la revelación de Dios llegó a su culminación en la persona de Jesucristo en su encarnación y exaltación, pero desde la perspectiva de Dios el Nuevo Testamento nos ofrece detalles más profundos tanto del proceso de revelación así como de Su plan redentor. Escritos que no solo proclaman el mensaje del evangelio, sino que le permitía a la iglesia establecer sus doctrinas así como su manera de adoración y en cuanto a que todo el pensamiento cristiano estaba fundamentado cristológicamente. Desde la perspectiva humana se comprende que estos documentos fueron escritos entre los años 40 y 90 d.C., siendo el libro de Apocalipsis el último y con el cual algunos eruditos consideran que el Señor dio fin a su revelación de esta manera, cerrando así el canon de las Sagradas Escrituras. En la historia vemos que la comunidad de creyentes, miembros del cuerpo de Cristo, aceptaban dicha autoridad de estos escritos que ahora venían a formar parte de la revelación por escrito de parte de Dios.

Para este hecho la evidencia externa nos dice que los libros que ahora formaban parte del Nuevo Testamento fueron citados entre el final del primer siglo y principios del segundo siglo. Como fuentes tempranas tenemos el testimonio de tres padres de la iglesia primitiva, Clemente, Ignacio y Policarpo, que citaron 25 libros de los 27 del Nuevo Testamento.[1] En tres cartas escritas por estos hombres entre el 95 y 110 d.C., se nos dice que ya se tenía establecido que documentos eran considerados como parte de la revelación divina y los que se consideraban canónicos en ese momento y eran autoritativos para la iglesia. 

Para la iglesia cristiana del segundo siglo d.C., el «canon» llegó a significar la verdad revelada, la regla de fe con la que la iglesia determinó que libros iban a formar parte del Nuevo Testamento de manera oficial. En primer lugar tenemos la evidencia de un hombre llamado: Orígenes (c 185-c 254) quien fue el escritor cristiano más antiguo que aplicó el término a la colección de libros de la Biblia, reconociéndola como regla de fe y práctica. Él dijo: “Nadie debe usar para probar una doctrina libros no incluidos en las Escrituras canónicas”, por lo que deducimos que los 27 libros ya eran tanto autoritativos, así como reconocidos por la iglesia. Años más tarde, un hombre llamado Atanasio (293?-373 d.C.) designó a toda la colección de libros sagrados como el «canon». De este modo, el término pasó a indicar el catálogo o lista de libros aceptados como inspirados, normativos, sagrados y con autoridad para la iglesia.

Lo que podemos decir durante este proceso es que desde la perspectiva de Dios, el Señor ha obrado y usado a sus siervos para mantener intacta su revelación misma dada a los hombres y esta sea preservada y protegida por su iglesia misma mayormente cuando se encuentra centrada y sellada por la obra redentora de Cristo. El propósito de las Escrituras es que podamos encontrar salvación y si el día de hoy tienes una Biblia en tus manos, da gloria y honra al Señor porque ha sido Él mismo quien se ha encargado de preservar Su palabra para ti y puedas tu conocerle a través de la revelación que hoy te hace a través de Su Hijo Jesucristo y alcanzar el hermoso regalo de Su salvación.



[1] Norman L. Geisler y Frank Turek, No Basta Mi Fe Para Ser Ateo. Colombia: Publicaciones Faro de Gracia, 2019. 276.

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