Julio 30, 2025 – Hernan Gonzalez.
En el lenguaje bíblico como en cualquier, otro existen términos o palabras que varían mucho tanto en su significado, así
como en el contexto hablado o gramatical para una mayor comprensión. Particularmente
el lenguaje antiguo bíblico, los estudiosos de las Escrituras, así como los
académicos tienden a tener ciertas complicaciones en su intento de interpretar
o descubrir el significado de ciertos pasajes o términos claves. Es importante
resaltar que entendiendo la naturaleza misma de las Escrituras nos arrojará un
poco de luz a nuestro entendimiento para hacer una exégesis y una hermenéutica
precisa que nos lleve a entender el mensaje divino el cual esta centralizado en
una persona, en Jesucristo.
En primer lugar, para comprender la
revelación escrita, debemos señalar que “el contexto adecuado para interpretar
la Biblia es el de los autores bíblicos, que es precisamente el contexto que
produjo la Biblia. Nosotros no compartimos el marco cognitivo de los autores de
la Biblia. Si bien las implicaciones de esta afirmación pueden resultar
incomodas, es hermenéuticamente absurdo pretender lo contrario. Por ello
cualquier otro contexto es ajeno a los hagiógrafos originales y por
consiguiente a la Biblia”. Esto nos dice que debemos tener
un oídos sensibles y abiertos a lo que estos hombres santos de Dios recibieron y
es ahora la norma de nuestra doctrina eclesial y de nuestro entendimiento de todo
el plan redentor.

En segundo lugar, “A veces se dice
que el mejor intérprete de las Escrituras son las Escrituras mismas. Esto
significa que el contexto más amplio de la Biblia le ayudará a comprender
correctamente cualquier pasaje individual”.
De acuerdo con esta
posición sostiene directamente que para la interpretación, así como para la
exposición bíblica, las Escrituras mismas se interpretan por si solas, cuando
la personas ve el mismo mensaje a lo largo de todo el contenido bíblico
encontrado y revelado en las Escrituras. De igual manera, otros intérpretes señalan
que “la credibilidad de la revelación bíblica es abalada por su unidad esencial
en la diversidad de sus formas y en su carácter progresivo”.
La naturaleza misma de la
revelación bíblica, nos debe mantener conscientes de la fiabilidad de su
mensaje, así como dejar supersticiones de interpretación para poder ser
iluminados por el Espíritu Santo y poder recibir y comprender el mensaje divino
que nos habla hoy.

A lo largo de la historia de la interpretación
bíblica encontramos que los académicos y eruditos han desarrollado métodos interpretativos
los cuales han sido aplicados en busca de una correcta interpretación de las
Escrituras. Precisamente la hermenéutica es una disciplina que nos ayuda para
la correcta interpretación bíblica y la cual también consta de varias reglas y
métodos. La hermenéutica bíblica que forma parte de la teología exegética, nos
ayuda a profundizar en diversos aspectos que va desde la crítica textual hasta
los antecedentes contextuales de los libros sagrados. Esto de igual manera
sucedía en la antigüedad. En la época de Jesucristo, la exégesis judía podía
clasificarse dentro de cuatro tipos principales: literal, midráshico, pesher y alegórico.
Pero tanto los métodos de
interpretación, así como las reglas han sido desafiantes para los estudiosos y
académicos.
Otra adecuada compresión de
significado original del autor es también fundamental para la correcta
aplicación del texto en la actualidad. A lo largo de toda la revelación
bíblica, de Génesis hasta Apocalipsis el mensaje divino se mantiene alienado al
propósito redentor de Dios. Entendiendo esta posición, que las Escrituras
interpreten las mismas Escrituras, es un argumento altamente plausible ya que
es Dios mismo quien se revela y se da a conocer a la humanidad. La Biblia es la
historia de Dios de principio a fin en busca de una humanidad perdida a la cual
desea darle el regalo de Su gracia a través de una salvación eterna ofrecida a través
de Su Hijo. Por lo tanto, nosotros descubrimos a Dios, Él se revela así mismo.
Nosotros no descubrimos datos, Dios revela la verdad. Nosotros no subimos al
cielo, Dios desciende a nosotros.

En su revelación progresiva Dios
usó y reveló su mensaje a través de diferentes personas y en diferentes épocas.
“De entre los escritores bíblicos, “los santos hombres de Dios, por ejemplo, hablaron
siempre inspirados del Espíritu Santo” (2 Tim. 3:16 y 2 Pedro 1:21), hallamos
persona de tan variada categoría y educación, como lo son, sacerdotes como
Esdras, poetas como Salomón, profetas cual Isaías, guerreros como David,
pastores cual Amós; estadistas como Daniel, sabios como David y Pablo,
pescadores, hombres sin letras como Pedro y Juan. De estos unos formulan leyes,
como Moisés, otros escriben la historia como Josué, éste escribe salmos como
David, aquél proverbios como Salomón, unos profecías como Jeremías, otros
biografías como los evangelios, otros cartas como los apóstoles.
La definición de que las
Escrituras interpretan las mismas Escrituras viene como resultado de la
revelación definitiva de Dios en Jesucristo, y nosotros ahora las interpretamos
y las entendemos a través de la iluminación del Espíritu Santo y para la gloria
de Dios, para que el mensaje del evangelio llegue a más corazones y esta buena
noticia sea conocida en todo el mundo.
Dejar que las Escrituras interpreten las Escrituras es darle el mayor
protagonismo a nuestro Dios quien es el autor.
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