Según Pablo, ¿Cuál es su concepto de la ley y el pecado?
Noviembre 28, 2025 - Hernan Gonzalez
De acuerdo con la posición paulina, se comprende que tanto el origen como la naturaleza del pecado vino como consecuencia de su desobediencia al Señor y como resultado la raza humana quedó en un estado de muerte espiritual. En sus cartas, particularmente en Efesios 2:1, el apóstol señala que el ser humano muerto en sus delitos y pecados no posee vida espiritual alguna y esto es lo que se ha trasmitido de generación en generación desde el primer hombre Adán hasta el día de hoy. La muerte física que experimenta todo ser humano es el resultado precisamente de esta acción que fue tomada por nuestros primeros padres, siendo esta nuestra herencia. La muerte vino sobre todos ellos no solo debido a que Adán pecó sino también porque todos ellos pecaron, y su error fundamental es no glorificar a Dios como Dios,[1] por lo que así, desde la perspectiva divina la paga para el pecado humano ha sido la muerte.
Por otra parte, la ley al ser el centro de la revelación,[2] la misma fue impuesta con el fin de ayudar al pueblo escogido y ser luz en un mundo donde el pecado se apoderaba de las demás naciones. La ley divina de igual manera marcaba el estándar de un Dios Santo y verdadero que buscaba implementar un camino para que su pueblo viviera acorde a Su Voluntad y sus estándares santos. Pero en su desobediencia, la ley vino a ser la misma condenación del pueblo escogido llevándolos al cautiverio y de igual manera a la muerte.
Dentro de la estructura misma de la teología paulina en estos dos conceptos, al parecer van de la mano. Por una parte, la ley y su incumplimiento de la misma hace por ende que el ser humano refleje esta misma naturaleza caída por el pecado e ir en contra del cumplimiento de la voluntad divina, y como consecuencia de este pecado, la muerte aparece.
Interesantemente en sus cartas, el apóstol Pablo traza la historia redentora desde Adán a Cristo, y hace gran énfasis en el impacto de esta revelación y como la sentencia de muerte y condenación que era para toda la raza humana, vino a tener un rayo de luz y esperanza gracias a la perfecta vida de obediencia y muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo. Al cumplir la ley de Dios de manera perfecta, el pueblo ahora redimido gracias a la obra de Cristo ya no sufriría las consecuencias de la maldición de la ley. En su muerte, nuestro Señor Jesucristo expió todo el pecado de la humanidad y con un nuevo pacto en su muerte y resurrección, la ley y el pecado ya no tendría poder sobre las personas, ya que el resultado del derramamiento de la ira de Dios sobre Su Hijo marcó el final de la condenación por el pecado y la muerte para dar una esperanza de vida eterna. Por ello, solo la intervención divina puede cambiar ese diagnóstico de muerte e infundir una vida nueva en el individuo cuando este viene a la fe salvífica en la obra redentora del Salvador y Señor Jesucristo.
[1] Frank
Thielman, Teología del Nuevo Testamento: Síntesis del Canon del Nuevo
Testamento. Miami, Florida: EDITORIAL VIDA, 2006. 527.
[2] Ladd,
George Eldon. Teología del Nuevo Testamento. Barcelona, España:
Editorial CLIE, 2002. 509.
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